El cuidado de los dientes de su hijo

El cuidado oral pediátrico tiene dos componentes principales: el cuidado preventivo en el consultorio del odontólogo pediátrico y el cuidado preventivo en casa.  Si bien en los últimos años se han observado caries en los lactantes y niños pequeños con mayor frecuencia, una buena estrategia odontológica erradicará el riesgo de padecerlas.

El objetivo del cuidado oral preventivo es evaluar y preservar la salud dental del niño. La Asociación Estadounidense de Odontología (ADA, por sus siglas en inglés) recomienda que a partir de los doce meses de vida los niños comiencen a visitar al odontólogo pediátrico para controlar su salud bucal.  En general, la mayoría de los niños deberá continuar visitando al odontólogo cada seis meses, a menos que se indique lo contrario.

¿De qué forma el odontólogo pediátrico cuida los dientes de mi hijo?

El odontólogo pediátrico examina los dientes para detectar signos iniciales de caries, monitorea cuestiones de ortodoncia, realiza un seguimiento del desarrollo de la mandíbula y de los dientes y constituye un buen recurso para los padres.  Asimismo, el odontólogo pediátrico cuenta con varias herramientas para disminuir el riesgo de su hijo de padecer problemas dentales, tales como el flúor tópico y los selladores dentales.

Durante una consulta de rutina al odontólogo: se examinará por completo la boca de su hijo; se limpiarán profesionalmente los dientes; podría aplicarse flúor tópico en los dientes para proteger el esmalte y se abordarán las inquietudes que tengan los padres.  El odontólogo pediátrico puede demostrar las técnicas correctas de cepillado y uso del hilo dental, aconsejar a los padres sobre cuestiones alimentarias, ofrecer estrategias sobre la cesación de la succión del pulgar y el uso del chupete y comunicarse con el niño a su nivel.

Cuando comienzan a erupcionar los molares (generalmente entre los dos y tres años), el odontólogo pediátrico puede cubrirlos con un sellador dental.  Este sellado cubre las fisuras de difícil acceso en los molares y las sella para evitar el ingreso de bacterias, partículas de alimentos y ácido.  El sellador dental es una herramienta importante para combatir la caries.

¿Qué puedo hacer en casa?

Si bien la mayoría de los padres inicialmente piensa en el cepillado y el uso del hilo dental al escuchar el término “cuidado bucal”, el correcto cuidado preventivo incluye muchos más factores, tales como:

Alimentación: los padres deben brindarles a los hijos una alimentación nutritiva y equilibrada.  Deben modificarse las dietas con alto contenido de azúcar y desalentar el consumo continuo de alimentos entre horas.  Las bacterias bucales ingieren las sobras de partículas de azúcar en la boca del niño después de cada comida y emiten ácidos perjudiciales que erosionan el esmalte dental, el tejido de las encías y el hueso si no se controlan.  Disminuya la frecuencia de los refrigerios siempre que sea posible y ofrézcale al niño alternativas sin azúcar tales como apio, zanahoria y yogurt bajo en grasas.

Hábitos orales: si bien el uso del chupete y la succión del pulgar generalmente cesan con el tiempo, estos hábitos pueden provocar la desalineación de los dientes.  Si el niño debe usar un chupete, elija un modelo “ortodóncicamente” correcto.  Esto minimizará el riesgo de problemas de desarrollo tales como un paladar estrecho y superposición de los dientes.  El odontólogo pediátrico puede sugerir una estrategia (o brindar un aparato odontológico) para que el niño abandone la succión del pulgar.

Higiene bucal general: algunas veces, los mismos padres chupan los chupetes y juguetes de dentición para limpiarlos.  Los padres también pueden compartir cubiertos con el niño.  Al hacer esto, los padres transmiten bacterias orales perjudiciales a sus hijos y aumentan el riesgo de desarrollar caries tempranas.  En su lugar, enjuague los juguetes y chupetes con agua tibia y evite compartir las cucharas cuando sea posible.

Uso del vasito entrenador: los vasitos entrenadores son una excelente ayuda en la transición de un biberón a un vaso de adulto.  Sin embargo, los vasitos entrenadores llenos con leche, leche materna, gaseosas, jugo y agua endulzada provocan un continuo flujo de pequeñas cantidades de líquidos azucarados a los dientes de leche —lo cual significa que el ácido ataca continuamente el esmalte dental.  El uso del vasito entrenador debe terminar entre los doce y los catorce meses de vida o tan pronto como el niño tenga la habilidad motora de sostener un vaso normal.

Cepillado: los dientes de los niños deben cepillarse como mínimo dos veces al día con un cepillo de cerda blanda y una cantidad de pasta dental del tamaño de un frijol.  Los padres deben ayudar en el proceso de cepillado hasta que el niño cumpla los siete años y sea capaz de llegar a todas las áreas de la boca.  Los padres siempre deben optar por pastas dentales aprobadas por la ADA (sin flúor antes de los dos años y con flúor después de esa edad).  En los bebés, los padres deben frotar las encías con un paño limpio después de alimentarlos.

Uso del hilo dental: las caries se forman más fácilmente entre los dientes.  Por lo tanto, el niño se encuentra en riesgo de desarrollar caries entre los dientes a partir del momento en que tiene dos dientes adyacentes.  El odontólogo pediátrico puede ayudar a demostrar la posición correcta de la cabeza durante el uso del hilo dental y sugerir consejos para que sea más divertido.

Flúor: el flúor ayuda a evitar la pérdida de minerales y al mismo tiempo fomenta la remineralización del esmalte dental.  Demasiado flúor puede producir fluorosis, una afección en la que aparecen manchas blancas en los dientes permanentes, y poco flúor puede provocar caries.  Es importante recibir una cantidad equilibrada de flúor.  El odontólogo pediátrico puede evaluar qué cantidad recibe el niño actualmente y recetar suplementos en caso de ser necesario.

Si tiene alguna pregunta o inquietud acerca de cómo cuidar los dientes de su hijo, comuníquese con nuestro consultorio.

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